El presente trabajo propone una crítica estructural al sistema penal
contemporáneo desde la metáfora del ajedrez, entendida como una lógica de
juego formalmente simétrica pero materialmente desigual. A través del análisis
de la selectividad penal, la reproducción de las desigualdades sociales y el rol
funcional del castigo, se pone en evidencia cómo la política criminal opera
como un dispositivo de control antes que como una herramienta de justicia.
Con base en los aportes de la criminología crítica, el garantismo penal y las
perspectivas abolicionistas y restaurativas, se argumenta que el sistema no
falla: funciona exactamente como fue diseñado. Frente a ello, se proponen
alternativas al encierro, centradas en la dignidad humana, la reparación y la
justicia participativa.